Uno de nuestros clientes comparó una vez el uso de sensores de humedad del suelo con conducir un coche nuevo con sensores de aparcamiento.
“Al principio, no confías en ellos”, dijo.
“Sigues girando la cabeza. Sigues mirándote en los espejos. Sólo después de un tiempo empiezas a confiar en el pitido”.
El riego inteligente funciona de forma muy parecida.
Los cultivadores no ceden de repente las decisiones a los datos. Aprenden a trabajar con ellos. Los contrastan con la realidad. Y con el tiempo, deciden cuánta confianza merecen.
Las decisiones de riego se toman en el campo, no en una app
En teoría, las decisiones de riego parecen sencillas:
el suelo se seca, el sistema lo señala y se aplica el agua.
En la práctica, rara vez es tan sencillo.
Los cultivadores hacen malabarismos con una capacidad de riego limitada, horarios fijos de los molinetes, distancia entre los campos, disponibilidad de mano de obra y previsiones meteorológicas cambiantes. A menudo, varios campos necesitan atención al mismo tiempo, pero sólo uno puede regarse primero.
Ahí es donde los sensores empiezan a añadir valor: no diciendo a los cultivadores lo que tienen que hacer, sino ayudándoles a decidir por dónde empezar y qué campos priorizar.
Varios cultivadores describieron el uso de los datos principalmente para establecer prioridades:
- ¿Qué campo se está secando más rápido?
- ¿Cuál puede esperar otro día?
- ¿Dónde marca más la diferencia el riego en este momento?
La decisión final sigue siendo suya. Los datos simplemente hacen que esa decisión sea más fácil de justificar.

“Sigo cavando – pero cavo con más confianza”
Casi todos los cultivadores dicen lo mismo: siguen controlando ellos mismos sus campos.
Cavan. Palpan la tierra. Observan la cosecha.
Lo que cambia es la conversación que mantienen con los datos.
A veces el sensor confirma lo que ya sospechaban.
Otras veces pone en tela de juicio las suposiciones, sobre todo cuando la superficie parece seca, pero aún hay humedad disponible a mayor profundidad en la zona radicular.
Varios cultivadores mencionaron que, sin el sensor, habrían regado antes. Como los datos mostraban que el campo seguía dentro del alcance, decidieron esperar.
Esa sola decisión puede ahorrar tiempo, combustible y agua, pero, lo que es igual de importante, genera confianza y les ayuda a comprobar cuándo hay motivos para hacerlo.
Cuando lo “subóptimo” sigue ofreciendo los mejores resultados
Un tema recurrente en las entrevistas fue cómo interpretan los cultivadores las bandas de humedad.
Los campos que pasan gran parte de la temporada en la zona “verde claro” o ligeramente subóptima de Agurotech a menudo siguen ofreciendo rendimientos excelentes. En algunos casos, rinden más que los campos que se mantienen constantemente en la parte superior del rango óptimo.
Los cultivadores explicaron por qué:
- las condiciones ligeramente más secas reducen la presión de las enfermedades
- se anima a las raíces a crecer más profundamente
- los suelos siguen siendo más trabajables
- el calendario es flexible
Un cultivador lo expresó de forma sencilla:
“Si estoy en la zona naranja, ya es demasiado tarde”.
Con el tiempo, los cultivadores aprenden cómo se relacionan las bandas con sus propios suelos y cultivos. Los datos no dictan las decisiones, sino que se convierten en algo que aprenden a leer, como las previsiones meteorológicas.

El asesoramiento debe adaptarse al sistema, no al revés
Otra realidad práctica surgió una y otra vez: los sistemas de riego tienen límites.
Muchos cultivadores trabajan con tamaños de regalo estándar de 18-20 mm porque eso se ajusta a sus carretes, bombas y planificación diaria. Cuando los consejos sugieren volúmenes mayores, no los rechazan, sino que los adaptan.
En lugar de cambiar toda su configuración, ajustan el tiempo y la frecuencia.
Como explicó un cultivador:
“No cambio mi sistema. Cambio mi planificación”.
Este tipo de traducción es exactamente cómo debe funcionar el apoyo a la toma de decisiones. Los consejos útiles respetan el funcionamiento real de las explotaciones.
La confianza se construye a lo largo de temporadas, no de semanas
Muy pocos cultivadores confían plenamente en los nuevos datos el primer año.
La primera temporada trata de la comparación:
- ¿responde el sensor tras el riego o la lluvia?
- ¿coincide con lo que veo cuando excavo?
- ¿tiene sentido en este suelo?
En la segunda temporada, empiezan a surgir patrones:
- qué campos se secan siempre primero
- cuando esperar merece la pena
- cuando actuar pronto evita el estrés posterior
Sólo después los datos pasan a formar parte realmente de la planificación diaria. No porque la tecnología haya cambiado, sino porque el cultivador ha aprendido a trabajar con ella.
Igual que los sensores de aparcamiento: no dejas de comprobar los retrovisores el primer día. Dejas de hacerlo porque la experiencia demuestra que la señal es fiable.
Por qué funciona este enfoque
Los cultivadores no buscan sistemas que asuman el control. Buscan herramientas que les ayuden a tomar mejores decisiones en un entorno complejo e impredecible.
La tecnología que se pega:
- se adapta a los flujos de trabajo existentes
- deja espacio para juzgar
- se demuestra con el tiempo
- reduce las dudas en lugar de añadir complejidad
El riego inteligente no consiste en seguir un consejo perfecto. Se trata de aprender cuándo confiar en la señal y cuándo confiar en la experiencia.
Y una vez encontrado ese equilibrio, el sistema ya no parece nuevo.
Simplemente se convierte en parte del funcionamiento de la granja.




